domingo, 30 de agosto de 2015

La jerarquia del soborno





 
Crédito: Shutterstock



 Tiliano caminaba tranquilamente por el centro de la ciudad, miraba distraído las vidrieras, esquivaba a la gente en forma refleja, sin pensar siquiera, apenas oía el murmullo de la muchedumbre ensimismado  en sus pensamientos. Hacía tiempo que no iba al centro, pero hoy ya se encontraba fastidiado de vegetar en casa sin hacer nada, y aprovechando que su madre dejaba el carro, tomo las llaves y logró escaparse sin ser visto.

Ahora se encontraba aquí, caminando como robot; sus pasos lo llevaron directamente a la plaza. Sin percatarse, de pronto se vio frente a frente con un policía que le pedía, en forma poco amistosa, que le mostrara su cedula de identidad. Con desgano accedió, mirando de soslayo una patrulla tipo perrera que se encontraba ya con tres jóvenes cabizbajos y con cara de preocupación.

De pronto cayo en cuenta de lo que estaba aconteciendo. ¡La recluta, coño!- exclamo para sí. – ¿Esa vaina todavía existe?.

 El policía lo miró sobrado y dijo:
-¡Ay pajarito!, tú lo que estás es apto para servir a la patria
- Que pasa mi sargento, aquí también tengo mi carnet de exonerado- insistió Tiliano
- Que exonerado ni que nada, ahorita mismo te me vas montando en la patrulla, al trote ¡vamos!

Tiliano sabía que Tratar de razonar con semejante personaje no era posible, tienden a poner la situación un tanto apremiante, afín de aprovecharse de la turbidez repentina del momento. Conocía de antemano que la policía, corrompida desde sus raíces, caía en los más viles sobornos, y le sacaban real a todos cuanto pudieran. Más él,  no le daría el gusto.

El policía lo miró contrariado cuando se dirigió sin chistar hasta la patrulla. Mas sin embargo no estaba dispuesto a perder esos reales.

-Párate un momentico, déjame explicarte tu situación.-Refirió- El día de hoy estamos reclutando  jóvenes para formar un nuevo regimiento para la frontera, en donde la cosa esta que arde. Así que lo que te espera es candanga.

Tiliano lo miro, y pensó divertido, que este no quería ponerse en   entredicho, pero era evidente que le estaba ofreciendo una salida disimulada. Quería que le ofreciera algo. Pero no le daría el gusto, - ¡policía pendejo! - . Ya tendría la oportunidad de hablar con alguien con quien pudiera entenderse.

En vista de que no lograba nada el policía grito enojado:

- ¡A la patrulla pues carajo! ¡Que espera!

La Patrulla se desplazaba rápidamente por la avenida, con dos policías, cual bomberos, guindando de las barandas. Tiliano observaba mientras tanto el interior de la misma: asientos destartalados e incomodos, espacio muy pequeño de  donde emanaba  una entina a orines, que se mezclaba con el de gasolina. Los demás muchachos seguían  mudos y haciendo muecas como con ganas de llorar.

- pobres niñitos – Pensó

Él siempre había sido muy independiente, y con un ego de sobrado que caía en la pedantería. Estaba acostumbrado a salirse con la suya y confiaba que de esta situación podría salir sin ningún problema. 

Traspasaron las puertas de la comandancia, y  ya al entrar se podían ver algunos guardias nacionales vigilando la fila de los reclutados y otro más allá, sentado frente a una máquina de escribir, llenado las planillas  que serían llevadas al circunscripción militar correspondiente. 

Tiliano podía ver como algunos jóvenes eran llevados directamente a un salón y otros salían hacia la calle, mirando continuamente hacia atrás, apresurados, como con miedo a ser regresados.

Apenas entró, le ordenaron formarse en la fila, y se resignó  a llenar la planilla contestando la pregunta, que sin anestesia, le insinuaba el guardia.
-        De ti depende para donde cojas de aquí para adelante.

Otro guardia que estaba a su lado, asentía y disimulaba hacia los demás compañeros que se encontraban cerca.

-        Hasta aquí adentro se encuentran ¡que arrecho!-  pensó Tiliano.

Pero debía de andarse con cuidado, no vaya a ser que estuviera equivocando las señales, y ahí sí que iba a poner la torta. 

-        Yo tengo esta carta de exoneración emitida por la circunscripción del estado… -Alcanzo a decir, antes de ser interrumpido.

-        Que exoneración ni que nada – increpó el guardia

-        Al buen entendedor, pocas palabras. Y ya que no nos entendemos, no podemos hacer nada-

Ya no había marcha atrás, había perdido su oportunidad, se lamentó de no haberla aprovechado y recordó lo fácil que hubiese sido con el policía, pero tenía que dárselas de sobrado. La próxima oportunidad de seguro sería la última y no podía ya rechazarla.

Luego de llenados los datos, fue pasado al salón con lo demás, cayendo en cuenta ahora, que los que salieron a la calle, de seguro  habían tenido que pagar; solo eso podía significar la diferencia entre estar allí o afuera. Como le estaba costando su terquedad; de momento ya empezaba a impacientarse, y quizás eso lo hizo apresurarse y no medir las consecuencias de su siguiente acto.

Aprovechando la confusión del momento, por otro lote de muchachos que entraban. Se acercó hacia quien imaginaba  era el de más jerarquía, el cual  se encontraba en ese momento dando órdenes a algunos de sus subalternos.

Cuando el Mayor  lo vio acercarse le grito:
-        Cual  es su problema, regrese a su sitio recluta.

 A lo que Tiliano confiado respondió.
   - Es que quiero hablar un momento con usted.
       -Y eso como para qué – se interesó el mayor.
Tiliano, bajando la voz para que no escucharan los demás, dijo:

-        Mi padre tiene dinero, y podríamos llegar a un acuerdo…

-        ¿Cómo?, que no te escuche bien – dijo el Mayor- ¿Estas tratando de sobornarme?

Tiliano sintió que el suelo se hundía a sus pies, ya que el Mayor lo había dicho a todo pulmón para que todos oyeran.

-        ¡Mira que santas bolas tiene este muchacho!, ¿oyeron todos, y que sobornarme a mí?

Y acto seguido, ordenó:

-        Me lo meten de una vez a barbería, y me los dejan raspao, y que me haga una de esas rutinas matadoras de ejercicios, pa` que sepa lo que es bueno.

Tiliano veía así perder su última esperanza, y ahora si lloró de impotencia y de rabia, lamentándose por todo lo que pudo haber hecho y no hizo.

Mientras tanto el mayor, esbozando una sonrisa, se dijo:

    -  A muchacho más pendejo, ¿no sabe que águila 
       no caza moscas?.

De inmediato fue a buscar la planilla correspondiente, para ojear sus datos, y curiosear  quien era el padre del muchacho… a lo mejor… quién sabe.          

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