Un cuarto oscuro es para muchos quizás
remembranzas
de una época
que se debe olvidar. Más sin embargo para mi representa todo lo contrario. Mis sentidos
evocan olores entremezclados de libros viejos, olores de tabaco, remedios,
perfumes viejos y sobre todo la emoción de la lectura...
Cada vacación escolar, mi madre nos permitía a mis hermanos y
a mí, pasarlas con nuestros abuelos. Esto representaba una alegría inimaginable dentro de
mi mente infantil, ya que significaba la alegría de explorar cosas nuevas y también poder encerrarme dentro de ese
cuarto oscuro de la casa de la vecina, en donde se encontraban guardadas
todas esas historietas del momento, y que muy diligentemente eran coleccionadas por una de
las hijas mayores de la vecina.
Cada año me leía los nuevos números de las historietas, y al terminar con las
mismas iniciaba de nuevo con las viejitas ya leídas.
Sin lugar a dudas, esos fueron mis inicios en
la lectura, habito que conservo hasta el día de hoy y que trato de inculcar ahora en mis
hijos.
Leer es para mí, más que un placer, es entender
el mundo desde otra perspectiva, es poder imaginar lugares y personajes que
solo pueden existir en mi mente, ya que todos tenemos un marco referencial de las
cosas de acuerdo a nuestras experiencias. Es poder conocerme, es poder conocer
otras formas de pensar y de sentir, de manera que pueda en algún momento ponerme en
lugar de la otra persona y entender algo de su mundo.
Entiendo a los amantes del cine, yo también
disfruto alguna que otra vez de alguna película; pero he optado por leer los
libros primeramente y luego cuando veo la películas, enamorarme más de los libros, al
entender que ni cerca le han llegado a lo que realmente quiso exponer el autor.
