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| Crédito: Shutterstock |
Tiliano
caminaba tranquilamente por el centro de la ciudad, miraba distraído las
vidrieras, esquivaba a la gente en forma refleja, sin pensar siquiera, apenas
oía el murmullo de la muchedumbre ensimismado en sus pensamientos. Hacía
tiempo que no iba al centro, pero hoy ya se encontraba fastidiado de vegetar en
casa sin hacer nada, y aprovechando que su madre dejaba el carro, tomo las
llaves y logró escaparse sin ser visto.
Ahora se
encontraba aquí, caminando como robot; sus pasos lo llevaron directamente a la
plaza. Sin percatarse, de pronto se vio frente a frente con un policía que le
pedía, en forma poco amistosa, que le mostrara su cedula de identidad. Con
desgano accedió, mirando de soslayo una patrulla tipo perrera que se encontraba
ya con tres jóvenes cabizbajos y con cara de preocupación.
De pronto cayo en
cuenta de lo que estaba aconteciendo. ¡La recluta, coño!- exclamo para sí. –
¿Esa vaina todavía existe?.
El policía
lo miró sobrado y dijo:
-¡Ay pajarito!, tú
lo que estás es apto para servir a la patria
- Que pasa mi
sargento, aquí también tengo mi carnet de exonerado- insistió Tiliano
- Que exonerado ni
que nada, ahorita mismo te me vas montando en la patrulla, al trote ¡vamos!
Tiliano sabía que
Tratar de razonar con semejante personaje no era posible, tienden a poner la
situación un tanto apremiante, afín de aprovecharse de la turbidez repentina
del momento. Conocía de antemano que la policía, corrompida desde sus raíces,
caía en los más viles sobornos, y le sacaban real a todos cuanto pudieran. Más él,
no le daría el gusto.
El policía lo miró
contrariado cuando se dirigió sin chistar hasta la patrulla. Mas sin embargo no
estaba dispuesto a perder esos reales.
-Párate un
momentico, déjame explicarte tu situación.-Refirió- El día de hoy estamos reclutando
jóvenes para formar un nuevo regimiento para la frontera, en donde la
cosa esta que arde. Así que lo que te espera es candanga.
Tiliano lo miro, y
pensó divertido, que este no quería ponerse en entredicho, pero era
evidente que le estaba ofreciendo una salida disimulada. Quería que le
ofreciera algo. Pero no le daría el gusto, - ¡policía pendejo! - . Ya tendría
la oportunidad de hablar con alguien con quien pudiera entenderse.
En vista de que no
lograba nada el policía grito enojado:
- ¡A la patrulla
pues carajo! ¡Que espera!
La Patrulla se
desplazaba rápidamente por la avenida, con dos policías, cual bomberos,
guindando de las barandas. Tiliano observaba mientras tanto el interior de la
misma: asientos destartalados e incomodos, espacio muy pequeño de donde
emanaba una entina a orines, que se mezclaba con el de gasolina. Los
demás muchachos seguían mudos y haciendo muecas como con ganas de llorar.
- pobres niñitos –
Pensó
Él siempre había
sido muy independiente, y con un ego de sobrado que caía en la pedantería.
Estaba acostumbrado a salirse con la suya y confiaba que de esta situación
podría salir sin ningún problema.
Traspasaron las
puertas de la comandancia, y ya al entrar se podían ver algunos guardias
nacionales vigilando la fila de los reclutados y otro más allá, sentado frente
a una máquina de escribir, llenado las planillas que serían llevadas al
circunscripción militar correspondiente.
Tiliano podía ver
como algunos jóvenes eran llevados directamente a un salón y otros salían hacia
la calle, mirando continuamente hacia atrás, apresurados, como con miedo a ser
regresados.
Apenas entró, le
ordenaron formarse en la fila, y se resignó a llenar la planilla
contestando la pregunta, que sin anestesia, le insinuaba el guardia.
-
De ti depende
para donde cojas de aquí para adelante.
Otro guardia que
estaba a su lado, asentía y disimulaba hacia los demás compañeros que se
encontraban cerca.
-
Hasta aquí
adentro se encuentran ¡que arrecho!- pensó Tiliano.
Pero debía de
andarse con cuidado, no vaya a ser que estuviera equivocando las señales, y ahí
sí que iba a poner la torta.
-
Yo tengo esta
carta de exoneración emitida por la circunscripción del estado… -Alcanzo a
decir, antes de ser interrumpido.
-
Que exoneración
ni que nada – increpó el guardia
-
Al buen
entendedor, pocas palabras. Y ya que no nos entendemos, no podemos hacer nada-
Ya no había marcha
atrás, había perdido su oportunidad, se lamentó de no haberla aprovechado y
recordó lo fácil que hubiese sido con el policía, pero tenía que dárselas de
sobrado. La próxima oportunidad de seguro sería la última y no podía ya
rechazarla.
Luego de llenados
los datos, fue pasado al salón con lo demás, cayendo en cuenta ahora, que los
que salieron a la calle, de seguro habían tenido que pagar; solo eso podía
significar la diferencia entre estar allí o afuera. Como le estaba costando su
terquedad; de momento ya empezaba a impacientarse, y quizás eso lo hizo
apresurarse y no medir las consecuencias de su siguiente acto.
Aprovechando la
confusión del momento, por otro lote de muchachos que entraban. Se acercó hacia
quien imaginaba era el de más jerarquía, el cual se encontraba en
ese momento dando órdenes a algunos de sus subalternos.
Cuando el Mayor
lo vio acercarse le grito:
-
Cual es su
problema, regrese a su sitio recluta.
A lo que
Tiliano confiado respondió.
- Es que quiero hablar un momento con usted.
-Y eso
como para qué – se interesó el mayor.
Tiliano, bajando
la voz para que no escucharan los demás, dijo:
-
Mi padre tiene
dinero, y podríamos llegar a un acuerdo…
-
¿Cómo?, que no te
escuche bien – dijo el Mayor- ¿Estas tratando de sobornarme?
Tiliano sintió que
el suelo se hundía a sus pies, ya que el Mayor lo había dicho a todo pulmón para
que todos oyeran.
-
¡Mira que santas
bolas tiene este muchacho!, ¿oyeron todos, y que sobornarme a mí?
Y acto seguido,
ordenó:
-
Me lo meten de
una vez a barbería, y me los dejan raspao, y que me haga una de esas rutinas
matadoras de ejercicios, pa` que sepa lo que es bueno.
Tiliano veía así
perder su última esperanza, y ahora si lloró de impotencia y de rabia,
lamentándose por todo lo que pudo haber hecho y no hizo.
Mientras tanto el
mayor, esbozando una sonrisa, se dijo:
- A muchacho más pendejo, ¿no sabe que águila
no caza moscas?.
no caza moscas?.
De inmediato fue a
buscar la planilla correspondiente, para ojear sus datos, y curiosear quien
era el padre del muchacho… a lo mejor… quién sabe.
