foto: sitiofantasma.com
Todos los días pasaba Juan Altuve
por la calles del pueblo con rumbo desconocido, caminaba muy despacio llevando en su espalda un saco viejo lleno de cualquier
cosa. El personaje en cuestión era una persona muy anciana, con lagunas
mentales o síndrome de Alzheimer, aunque en ese tiempo no sabíamos que era eso.
Para nosotros era solo un loco.
Lo cierto es que nuestra
imaginación de niños nos hacía temerle, debido a que nos imaginábamos las más
inverosímiles explicaciones, de lo que podría llevar dentro del saco. Temor que
era infundado por las personas mayores, cuando nos aseguraban que dentro del
saco, Juan altuve llevaba niños, que se habían portado mal y que sus padres ya cansados
de ellos, se los regalaban, o simplemente los agarraba por allí descuidados.
¡Ahí viene Juan Altuve! gritaba
cualquiera de nosotros, al divisarlo a lo lejos, y todos prestos nos
acurrucábamos escondidos en algún sitio para verlo pasar, y pendiente por si
algo se movía dentro del saco. Pero no… todo parecía normal, o ¿acaso se encontraba
desmayado? O peor ¡muerto! ¡Qué miedo!
Nunca faltan personajes en
cualquiera de nuestros pueblos, que hagan volar la imaginación infantil, tan
solo por el hecho de ser diferentes y hasta pintorescos. Son los mismos que
luego al hacernos adultos, recordamos con nostalgia y hasta con cariño, como
referencia a esa niñez que ya no vuelve.
Lo cierto es que al pasar de los
años, cuando nos percatamos realmente de la realidad, nos damos cuenta que eran
personas normales, y algunas con historias bastante tristes. El caso de Juan
Altuve resulto ser el de un viejecito, que acostumbraba a ir a su conuco desde
siempre, y que al perder la memoria, le había quedado ese hábito escondido en su
subconsciente, y días tras días cumplía a cabalidad lo que había hecho por muchos
años, que era trabajar para el sustento
de sus hijos, ahora ya crecidos y alejados, pero que en su mente todavía los recordaba chicos y
esperándolo...
Su viejita ya no estaba para cuidarse mutuamente, muchas
veces se le escuchaba hablarle como si la estuviera a su lado; buscando su
aprobación en todo cuanto decía, y así empezó a descuidarse, porque se llega el
momento en que hay cosas que ya no son
tan importantes, como bañarse, por ejemplo, y por supuesto ya no lo hacía, y
fue adquiriendo poco a poco el aspecto de un pordiosero.
Juan Altuve, murió mucho tiempo
después en la soledad de su rancho, acompañado de sus peroles de toda la vida,
y quizás producto de sus alucinaciones benditas, no se sintió solo, porque de
seguro estaban a su lado la familia entera, su vieja, sus hijos…

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